Esta es la secuencia original de Rabioso Sol Rabioso Cielo, donde RYO también tenía su canción. Corresponde al primer corte de la película perdido por un accidente en el estudio de TRES MONOS y reconstruido aquí por obra, gracia y para placer de su director que siempre la imagino como el trailer de la película. "Demasiado cursi" dijeron todos al verla.
Una vez más la voz de José José, la inspiración de Sergio Esquivel y la fotografía de Alejandro Cantú.
jueves 26 de noviembre de 2009
El trailer original de Rabioso Sol Rabioso Cielo
martes 20 de octubre de 2009
ARIDO Y RABIOSO PARTE
Mucho, mucho tiempo después (o mucho, mucho tiempo antes) la banda milnubera se reunió en distintas ocasiones para filmar la segunda parte de Rabioso sol, rabioso cielo: una épica ancestral filmada a colores que sirve como epílogo para reinterpretar la metáfora de de una diosa (Tatei) que, en su afán por devolver la alegría a un mundo desesperanzado, encomienda a un joven (Ryo) la tarea de hacer palpitar los corazones de otros (Tari, Kieri) y prodigar el amor en la tierra.
Al mejor estilo de Apitchapong Weerasethakul (cineasta altamente valorado por Julián) la película da un giro estrepitoso por ahí de las dos horas de duración (de un total de 3 horas y veinte que no estarán en la versión comercial, pero sí en el DVD). Lo que viene a continuación del capítulo urbano (filmado en blanco y negro), es una odisea mágica atemporal. Una especie de realidad alterna que devolverá a los personajes a un estado de existencia pura, en convivencia plena con la naturaleza y sus sentimientos sin remedos. Realidad alterna para los personajes y realidad alterna para nosotros que experimentamos la gloria de filmar en un contexto ajeno a nuestra cotidianeidad. A veces adverso, a veces intensamente apetecible, espiritual, gozoso, repetitivo. Ésta vez, fue el paisaje quien dictó las reglas de la marabunta fílmica que, dicen (no se lo digan a nadie) suele dejar un sinnúmero de destrozos a su paso.
Sí, el cine también destruye. No éramos el ejército de Spielberg, ni de Lucas, ni de Jackson; por eso al dar el claquetazo inicial Julio Quezada, el primer asistente de dirección se encomendó a Servando González y no a los majors hollywodenses. Por eso, le será irresistible a los críticos encontrar referencias hacia Las mil y una noches de Pasolini cuando la verdadera fuente de inspiración es Nazareno Cruz y el lobo de Leonardo Favio.
Por eso, eternamente limitados de recursos (menos del millón de dólares promedio que ocupa una película mexicana), volvimos una y otra vez a la Ciudad de Querétaro al municipio de Cadereyta a filmar. Por eso, cuando ya no se pudo ir ahí, hubo que buscar cuevas y paisajes agrestes hasta en el corazón de la delegación Iztapalapa. Por eso creemos y confirmamos reiteradamente la vieja y favorita frase de Julián: “el cine es un acto de fe”.
ARRIBO El autobús que llevó al crew a Querétaro partió de Churubusco y se descompuso en el distribuidor vial de San Antonio. Luego vino otro y se descompuso cerca de San Juan del Río. Finalmente, llegamos a nuestro destino entre señoras con bultos de mandado y costales cual Cantinflas o la India María en los viejos guajoloteros que arribaban a los despoblados de sus películas. Cadereyta es un lugar hermoso empero solitario: mágico. Rápidamente nos familiarizamos con sus empedrados y sus locales de Internet para dar continuidad a nuestros vicios citadinos. La cena se servía en el hotel y daba para comentar los pormenores del día luego de un buen baño o un zapping a los canales de cable. Vivir en un hotel siempre te da un aire de sosiego, un cambio de aires que para nada fue la excepción en este rodaje…
EN EL CAÑÓN El primer día de filmación había alta expectativa. El crew despertaba con el ánimo de un grupo explorador: Fiesco, el productor que de vez en vez hacía el making off, bajaba por el precipicio desenfundando su recién estrenada cámara P2 (que en la ciudad terminó como videoassist de lujo y actualmente registra las imágenes de su documental Quebranto).
Sonrientes todos, el primer día era jubiloso y no distó mucho del ánimo que embargó a todos en la semana que duró nuestro viaje (el primero de dos). Ese día, Julián no estaba seguro si el vestuario de Kieri era el adecuado y por la mañana me confesaba que a diferencia de la ciudad (territorio ampliamente conocido por él), se sentía extraño en el monte en medio de la nada (por así decirlo) tratando de contar una historia a su manera (planos secuencia con paso de tiempo siguiendo a un hombre de cuerpo escultural embarrado de barro y escalando cerros y más cerros, no era para menos).
Conforme llegaba el mediodía, el crew se iba mimetizando con la naturaleza: Joaquín Rodríguez (en esta parte de la historia, ávido cronista) y Laura García de la Mora (vestuarista) guareciéndose del calor en una grieta, Jorge Becerra aprendiendo a caminar descalzo…
Hoy filmamos en el imponente Cañón Corral de Piedra y mientras el dueño del Ejido (de una belleza natural impresionante) discutía airadamente con el gerente de producción (Daniel Alonso) por invadir su propiedad (a punto de sacar pistola), Julián filmaba el primer contacto de Guillermo Villegas con una cámara a toda prisa. Memo se presentaba al set desnudo, recién peleado con Elvia Romero (ganadora de dos Arieles por El callejón de los milagros y Las vueltas del citrillo) por su impaciencia en el proceso de maquillaje. El joven debutante había osado, según versión de la maestra Elvia, en cuestionar su trabajo.

CON SÓLO BARRO LO FORMÉ…Todas las mañanas, desde las 5 a.m., la señora Elvia, Arely Palma (en su debut como asistente de maquillaje) y yo iniciábamos la preparación del maquillaje de Jorge Becerra. El proceso duraba dos horas y media en las que él debía permanecer desnudo (con un frío del carajo). Me tocaba cargar las cubetas de agua para que Arely preparara el barro hasta encontrar la consistencia, Elvia lo maquillaba (el barro) y posteriormente se lo embarraba al actor por el cuerpo (según las partes que la continuidad dictara). Mi apoyo finalizaba endureciéndole el barro mientras le tiraba aire caliente con dos secadoras por 20 minutos.El proceso lo repetimos más de ocho días en que la convivencia nos llevaba a perder el pudor, a bromear, a emocionarnos con el trabajo hecho, a perfeccionarlo. Como siempre, Elvia estaba al tanto del más mínimo detalle, pero como pocas veces, tenía un ánimo conciliador, alegre, la sensación de estar entre amigos, de asumir sin molestias la sencillez (que no precariedad) del rodaje. Una mañana Elvia encendió su grabadora y apareció la voz de Enrique Guzmán cantando: “con sólo barro lo formé” y de inmediato la adoptó como suya. Estaba aportando su granito de arena a la creación de Kieri, estaba a leguas orgullosa.
El segundo día de filmación se caracterizó por la montura de rieles en los lugares más agrestes, por una caída estrepitosa de Alex Cantú en pleno dolly circular y por el descubrimiento del Sharpie como una efectiva herramienta de trabajo.
VALLE SAGRADO
Correspondiente a una secuencia onírica dentro de lo onírico. Este día no hubo necesidad de maquillar a Jorge Becerra pues andaría desnudo por las Ruinas de Toluquilla.
Arely, confiada de que este día no maquillaría, durmió un poco más al grado de ignorar su despertador. Paola, la contadora, que era su roommate, despertó sobresaltada con los toquidos de Elvia:
-¡Arely, te va a dejar el camión, Arely abre!
En ese momento, Paola despertó a Arely que de un salto se levantó y se metió al baño. El camión estaba a punto de salir y casi por elipsis, de pronto apareció Arely con la cara sonriente y la toalla enredada en el cabello mojado.
Del catálogo de artilugios cinematográficos de los que Julián se había privado en tiempos Pasados y tendría la oportunidad de usar, hoy era el debut de la Steady cam. Malaya la hora en que fue pedida, después de horas de esperar y ensayar, los encargados confesaron la verdadera razón de porque no podíamos tirar la primera toma: habían perdido un tornillo básico para su funcionamiento mientras la trasladaban a las ruinas. Cantú se echó la cámara al hombro y con la ayuda de Jero y Janeck salvó el llamado sin sacrificar los shoots que el director había planeado. Este día, hizo su aparición Giovanna Zacarías como El corazón del cielo.
ADVERSIDADES. Capítulo primero Nuestra audacia citadina no bastó para enfrentar al campo. Hubo que adaptarse a ritmo lento y sereno, pero mientras eso ocurría algunos miembros del crew pagaron la cuota de la madre naturaleza. Para llegar a la locación de hoy, atravesamos kilometros a través del cauce de un río, hasta llegar al pie de un cerro inmenso en la comunidad Rancho Quemado. Lo de menos fue llegar ahí. La verdadera acción comenzó cuando hubo que escalar la cima al borde del desgajamiento.
Esa mañana la cámara esperaba al actor. Becerra venía descalzo con sus kilos de barro encima. Tohui (asistente de producción) prestó sus tenis para que pudiera escalar. Detrás de él, Elvia se esforzaba en escalar. Quería escuchar la aprobación de Cantú y Julián acerca de su maquillaje, quería saber qué lente iban a usar: mala idea. A medio camino, una enorme piedra se desprendió de la nada y cayó encima de su mano. Al borde del llanto, Elvia se mantuvo en equilibrio pese al miedo de caer. La “niña Arely”, la joven aprendiz que muy pronto se había ganado la confianza de su maestra, la tuvo que suplir por ese día.
Pero Elvia no fue la única accidentada. Un chico del Catering rodó y rodó por la falda del cerro tras empeñarse en surtirnos aguas y refrescos (auténtico heroísmo anónimo). Desde lo alto, la cámara registraba a Becerra que, inmenso, parecía figura de acción dejándose cubrir por el inmenso, auténtico rabioso sol.
Al volver, otra vez en expedición, auxiliándonos unos a otros y bajando el equipo en cadena humana, el tercer percance del día se debió a una literal metida de pata de Mario Guerrero. PLOP! Cuál exabrupto de Condorito, dos segundos después estaba metido en una grieta con el tobillo lastimado, eso sí, sin soltar su videoassist que en ese entonces no era otro que una televisión con un VHS integrado.
martes 29 de septiembre de 2009
martes 14 de julio de 2009
Q&A sobre Rabioso Sol, Rabioso Cielo
Julian Hernández - Director
Roberto Fiesco - Productor
Giovanna Zacarias - Actriz
Guillermo Villegas - Actor
miércoles 18 de febrero de 2009
Julián Hernández presenta: Rabioso sol, rabioso cielo

lunes 3 de noviembre de 2008
martes 8 de enero de 2008
Rabioso sol, rabioso cielo
viernes 24 de agosto de 2007
HARTO RABIOSO Parte 4 y última
VEINTIDÓS
Como si la ufana transición de poderes no hubiera pasado por Chimalhuacán, los burros se pasean por las calles sin empedrar jalando una carreta de fierros viejos con el logo del PRI despostillado. Hay charcos por todas partes y viejas pintas de solidaridad. Todas nuestras tomas de hoy son sobre un camión en movimiento, con variedad de pasajeros (mucha gente del crew) y Tatei (Giovanna Zacarías) contemplando el injusto reparto de riqueza e injusticias sociales que hay en nuestro país. O la miseria del mundo moderno.
El desfile de cameos del crew lo encabezaron Iván y Pepe (del staff), Álvaro (el extra omnipresente de esta película), Iliana, Fiesco... Pero el mejor de todos fue Ángelo, quien se dejó dirigir por el director y al escuchar que se trataba de un pasajero triste y desolado se esmeró por conseguir el ojo Remi al borde de la lágrima con sendo rostro desencajado.
Desde que empezó el día no se hablaba de otra cosa que del partido entre México y Argentina, empezando por el promotor número uno de la Selección Mexicana (el 2:20). Llegada la hora, el videoassit sirvió de señal para ver fracasar a la Selección Nacional de futbol una vez más. La cara del 2:20 era tristeza pura.
El tradicional servicio de alimentación de don César Castro “El Negro” se la rifó con unas carnitas que venían muy al caso. Esa tarde, también llegó a filmar Jorge Becerra que se sobreponía siempre con una sonrisa a los disgustos de Julián que cada vez ocultaba menos su molestia con él (hoy el “negrito en el arroz” es que percibe al actor con una masa muscular distinta o lo que es lo mismo, ligeramente pasado de peso).
Hoy debuta en un pequeño papel Manuel. Un muchacho michoacano harto fotogénico, de rostro duro, acciones impulsivas y carácter inquietante (al estilo de las actuaciones de Meche Carreño) que estuvo a punto de ser elegido para el personaje principal (Ryo). Julián vierte su atención hacía él dejando en el desamparo a Jorge Becerra que cada vez recibe menos indicaciones de su director.
Al final del día, Daniela Tena (que a partir de mañana deja el rodaje por compromisos adquiridos con anterioridad) fue bautizada con un buen baño de ceviche y otras menjurjes. Danielita, una niña hermosa de espíritu y apariencia es otra de las que se ganó la simpatía de todos aunque al principio algunos apostaban (prejuiciados por su desempeño en un cargo generalmente atribuido a los hombres) que no duraría más de una semana.
VEINTITRÉS
Vamos por una secuencia en la que el personaje de Ryo muestra sus mejores dotes en la natación. Es una escena breve. Homóloga a la de Tari en el box y Kieri en el frontón.
Desde muy temprano, mientras nos trasladamos a la alberca del deportivo donde filmaríamos, Julián iba muy contento escuchando las remembranzas de Memo (su pupilo favorito) tras haber pasado casi todo el fin de semana viendo películas, luego de que en su calidad de director, le comentara que las cualidades histriónicas que debía seguir para su carrera eran las de David Silva.
Intercambiaron opiniones de películas mexicanas en todo el camino (la especialidad de Memo es hablar y hablar sin parar) y el director se veía orgulloso de su muchacho.
En cuanto al crew, venir a hacer esta secuencia (que no implicó ni medio día) era casi un trámite. Cero complicaciones y a lo mucho un elemento de cada departamento.
Originalmente, Ryo tendría que echarse un clavado desde la plataforma pero luego del episodio del frontón y a que Memo había externado su miedo por no ser un profesional de los clavados, la secuencia cambió a simplemente verlo nadar portentosamente.
Sobre su eje de natación había una pequeña plataforma (menos de 1 metro) y Julián le pidió a Memo que entrara a la alberca con un clavado desde ahí. Así iniciaría la secuencia. Sin embargo, esos centímetros de distancia ofuscaron a Memo y el miedo lo bloqueó por completo. Sus clavados eran irrisorios. Pronto los entrenadores del lugar se acercaron para burlarse de él. Su posición era mala, le faltaba confianza y al final entraba al agua con las piernas engarruñadas haciendo patos.
La lógica era aplicar la misma técnica que con sus otros actores cuando lo defraudaban. Y lo hizo, aunque esta vez le costó trabajo y, diría yo, aplicó el método julianesco sólo por congruencia. Memo fue ignorado, por minutos cayó del pedestal y se sintió triste, pero el castigo de la indiferencia lo impulso a seguir intentándolo aunque la toma hubiese sido declarada ya como perdida.
Mientras el equipo subía al trampolín de varios metros para hacer una toma abierta final, Memo siguió intentando el clavado con ayuda de Tohui, Laura y Paco (el chofer de producción) que lo orientaban sin cesar hasta que: ZAZ! El muchacho había logrado clavarse con el ímpetu que Julián quería. Desde arriba, el director lo observaba y el equipo le hacía señas para que se percatara de que el actor ya había podido.
El hecho le dio ternura sin duda, pero Julián optó por pedirle a Julio que por el radio le dijeran al actor que dejara de echarse clavados si no quería despertar su furia.
Memo paró. Y aunque ya había aprendido a echarse clavados, Julián le negó la oportunidad de hacerlo en la siguiente toma. El chico entristeció. Pero el castigo había sido aplicado.
Julián, satisfecho de haberle dado una lección a su manera, “lo perdonó” esa misma tarde.
VEINTICUATRO
El primer recuerdo de estar en el foro del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) es que aquí mismo terminamos el rodaje de El cielo dividido, próxima a estrenarse este 7 de septiembre. Casi tres años después volvemos con otra historia qué contar, como diría José José: “cada mañana, cada mañana”. Para muchos es nuestro debut en el Green Screen y la experiencia resulta sumamente aburrida y desesperante pues para preparar técnicamente el chistecito pasaron por lo menos seis horas.
Cantú, burlándose de sí mismo, exclamó lo abrumado que lo tenía haber iluminado una pantalla verde como si fuera un auto para comercial.
Luego había que coordinar que los cables de los arneses no se vieran, que las partes privadas de los actores no sobresalieran más de lo normal y así por el estilo pasamos casi todo el día, aprovechando el tedio para bromear mientras la cámara registraba las escenas de “vuelo” de Tari y Ryo que serían impuestas sobre las tomas áreas que se realizarían posteriormente en Querétaro.
Mario Guerrero volvió estos últimos tres días para alegría de un crew que para sorpresa de él mismo, se había echado a la bolsa y le profesaba cariño sincero.
Desafortunadamente otros acontecimientos rondaban por su cabeza (y sí, volvió sin haber resuelto uno sólo de sus problemas).
Por la tarde realizamos tomas que se nos quedaron colgando de otros días. Todas de Javier Oliván que corría con esa suerte. Memo por su parte estaba feliz en su terruño (CNA) y curioseaba al ver pasar a aquellos aspirantes que se convertirán en sus compañeritos en su futuro regreso a clases en la ENAT.
VEINTICINCO
Estamos en el viejo edificio de Relaciones Exteriores en Tlatelolco y desde nuestra llegada los rumores de leyendas y fantasmas se dispersan entre bromas que denuncian el ambiente relajado de fin de rodaje. Mientras arte ultima detalles en lo que será la oficina de telecomunicaciones donde trabaja Kieri, iniciamos dos tomas con los rostros de Javier Oliván y Jorge Becerra dentro de una enorme pecera que simulará el punto de vista del lavabo en el que, casi simultáneamente se les revela la imagen de Ryo.
A punto estuvo la producción de tener que llenar la pecera con agua de garrafones pues la de la llave no era totalmente clara pero al final no hubo necesidad. Desde muy temprano fueron dándose cita las visitas. Fiesco, gustoso de las fiestas y las relaciones públicas, organizó una foto de crew y amigos para el final de la noche, así que se dejaron caer desde actores que interpretaron bits hasta el mismísimo Armando Casas, que en su calidad de director del CUEC dotó de invaluable apoyo a esta película.
-¿De dónde vienen?.
Nos preguntábamos sentados sobre manzaneros cuando vimos pasar a un equipo de prensa: fotógrafos y reportera cruzando.
-Son de Cine Premiere. Respondió alguien.
-Vaya –ironizó Julián- ¡por fin!
Al finalizar las secuencias, Cine Premiere fotografió a Julián en el helipuerto del edificio. Lo acompañamos Laura, Roberto y yo. La vista era fascinante. Como tener un mapa vivo de la ciudad en pleno atardecer, con oportunidad de virar hacia todos los puntos cardinales. Una estampa única que por sí misma recompensaba la andanza de deambula en filmación.
De esos regalos que, de no haber estado en la película jamás los hubiésemos registrado (algo similar ocurrió con el interior del Cine Ópera, o la locación de Bramadero).
Para las tomas de la oficina de telecomunicaciones la dispersión era proporcional a la emoción de dar wrapper. Amigos de Julián hacían una aparición especial (Pilar, Edith, Luis Adrián, etc.) y pronto la noche nos consumió. Vinieron los abrazos y las cervezas para brindar enseguida de la foto que resultó entrañable y caótica. Mientras staff y arte desmantelaban a oscuras el set, los brindis siguieron con una despedida que olía a pronto regreso (por algunas secuencias que quedaron pendientes porque el presupuesto nos sobrepaso).
Afuera del edificio Fiesco (que disfruta enormemente el ritual de bautizar a quiénes debutan en el cine) preparaba la bienvenida a los nuevos (aunque una regla de los bautizos en Mil nubes es que si debutas en un nuevo puesto también aplica). Arely, Jorge, Javier, Memo, Sebastián, Héctor, Iliana, Ángelo, Hugo y Daniel (veteranos que debutaban por primera vez como gerente y productor ejecutivo respectivamente) fueron apresados con una cuerda en círculo, tomados por las muñecas.
Alguien que venía saliendo del edificio preguntó por la ausencia de Joaquín Rodríguez (bitácora de rodaje) y todos callaron (y lo callaron) pues minutos antes, entre aspavientos de molestia, Joaquín había dejado claro lo desagradable que le parecía el ritual (un tema que siempre divide opiniones cada fin de rodaje pues algunos piensan que es bonanza cinematográfica, mientras otros, que es una mera salvajada de “mal gusto”).
Los compañeros fueron bañados de quién sabe que mierda en un parque aledaño. A Hugo le cayó completa una cubeta de pintura azul y lució como pitufo durante unos minutos con su característico pantalón caído mostrando media nalga. Arely buscaba embarrada de desperdicios a doña Elvia, que maternalmente le había guardado ropa limpia y gozaba el desmadre desde una banca. Las corretizas siguieron y, como es costumbre en Laura, también terminó bañada de todo.
La ironía de Ángelo (asistente de locaciones) es que recién bautizado, con los desperdicios todavía cayéndole del cuerpo, con escoba en mano tuvo que empezar a limpiar los desmanes. Volvieron los abrazos y con ellos el amanecer. El desconcierto de no tener llamado al día siguiente.
FIESTA DE WRAPP
Estamos de vuelta a la casita (íntima, acogedora, derruida) de Holbein (bunker de Mil nubes) para dar cierre oficial a la filmación de esta película que todavía tiene mucho trecho por recorrer. La cita era a las 9 pero cómo suele ocurrir en estas fiestas, la banda se deja caer ya entrada la noche conforme la búsqueda de chelas marca la dirección correcta, sin importar ya el motivo de la fiesta o quién chingaos dirigió la película.
Mientras Iliana y Laura se lanzan a la Comer por unos destapadores (siempre precavidas, siempre consideradas) Julián, Roberto, Joaquín, Jesús y yo bebemos alrededor de una hielera retacada de cervezas por ahí de las 10 de la noche. Brindamos de manera sobria (nada qué ver con lo que está por venir) y en eso hace su aparición Chava Álvarez que con su peculiar humor se pregunta si acaso es una “fiesta minimalista, homenaje a Antonioni o qué carajos”.
Pronto, los invitados comienzan a llegar: Y para ser certeros, las fiesta de Wrapper se asemejan mucho a esos capítulos de Navidad en los que los personajes de dos series distintas se juntan por primera vez y uno como espectador tiene el placer de ver brindar a los Picapiedra con los supersónicos. O de ver a Miss Peggy entonar villancicos con el pájaro Abelardo por decir algo.
La fiesta estuvo abarrotada. Estaban todos (y hasta los que ni al caso). La música pasó por manos de los DJ’s megalómanos de closet Julio y Julieta (entrañables amigos desde que se conocieron en El último profeta) y ya casi al final: Crispín Zaragoza (la única e inigualable Chispa) puso el toque pop comercial que puso a cantar al más culto “shabadabada, shabadabada” y a suplicar con garganta de borracho “sólo quédate en silencio 5 minutos”.
Una gran parte del crew se refugió en la cocina, lugar sede de la música y otros detrás del escritorio del señor productor Roberto Fiesco. Mientras la mayoría cuequera abarrotaba el patio (típico en los wrappers), la diversión corría en forma de cigarrillo rehecho. Rolaron uno, dos, tres, cuatro, cinco... hasta que el distribuidor (Alex Cantú) se sosegó abatido por el ímpetu de los iniciados que no dejaban de pedirle.
Ileana recuerda haberme visto, junto con Memo Ryo, postrado sobre la pared aproximadamente media hora con una tremenda sonrisa y los ojos rojos a reventar. Recuerdo media fiesta y lo que recuerdo de ella (además de una buena jarra en el estricto sentido de la palabra), son estampas divertidas de la vergüenza anulada por el alcohol:
Alex Zuno besando de la nada a un amigo que Fiesco conoció el año pasado en España justo en el momento en que todoelmundo iba pasando por ahí, el director de Todos los días son tuyos correteando efusivamente a veces a Laura, a veces a Sandra (la script de la ópera prima del CCC), Mario Guerrero discutiendo un malentendido con Pepe Valle a propósito de una telenovela cuequera que se asemeja a la verdad detrás de El búfalo de la noche, Julio Quezada en gallarda plática con la señorita Palma y Donceles, Julián prendiendo la luz de los cuartos de la planta alta dejando desprotegidas a las parejas que buscaban privacidad, Maestri otorgándole su opinión sincera a Pierre (que públicamente reconoce la influencia de Julián sobre su trabajo y su gusto por homenajearlo) acerca de sus controvertidos cortometrajes, Giovanna Zacarías en el plano más alivianado y tranquilo gozando de la reunión hasta el amanecer...
Recuerdo ⎯vagamente antes de vomitarlo todo y volver como si nada a beber gatorade y a administrar las chelas en el plan más mamón y pacheco al grado de negarlas a los desconocidos y obsequiarlas a mis allegados cuál cadenero discriminatorio⎯ un reencuentro-desfile-vaivén de amigos, conocidos, amigos de los amigos, futuras estrellas y demás por la casita de Holbein, cantando y bailando y socializando hasta que terminó el alcohol y los sobrevivientes partieron a desayunar mucho después del amanecer.
Terminó la fiesta y con ella, de alguna manera y por algún tiempo la atención masiva hacia el filme concebido... por lo menos hasta que salga de la intimidad celosa de la sala de edición.
Más allá de los brindis y la desfachatez buena onda, regreso a los resquebrajos emocionales (cuestionamientos, deberes, miedos, añoranzas y demás) que trae consigo el final de un proyecto que sientes que te pertenece, acaso porque ahora pertenece también a tu historia de vida.
viernes 10 de agosto de 2007
HARTO RABIOSO Parte 3
Cuando se habla de la familia Mil Nubes, ¿en qué pienso?
Pienso en la amistad que surgió entre Ernesto Martínez y Hugo Espinosa después de El cielo dividido. De cómo hay temporadas en las que uno no hace nada sin el otro, de cómo van juntos a todas partes al grado de inventarles que son la pareja gay más sólida y entrañable del ambiente pese a que ambos tienen a sus respectivas novias y juran y perjuran ser sólo gay friendly.
De cómo Hugo inventó el término “recompensa de sabor” para la práctica de beber una cerveza (o “huevito de toro”) al finalizar los llamados de las óperas primas del CUEC mientras nos dirigimos en su hartas veces golpeado y muy mugroso Chevy blanco a entregar el material del día a Churubusco o simplemente en las tremendas borracheras que hemos tenido juntos (botellas rotas de por medio jeje).
Pienso en el pleito casado entre Julio y Narváez a la hora de concederle wilds mientras filmamos. De cómo su relación se puede volver tensa cuando trabajan pese a que uno y otro se ha tomado la medida.
Pienso en lo mucho que hemos llegado a conocer a Armando Narváez (talento de la vieja guardia del CUEC en espera de su gran oportunidad) al grado de conocerle sus más quisquillosos placeres: calzar botas, no ponerse suéter jamás (no importa si está en las faldas de un volcán en pleno invierno), levantarse a las 4 de la mañana diario a lavar ropa, o simplemente tener prohibido enamorarse. Desde luego, entre muchas otras que él mismo ha construido como parte de su leyenda pero que no sobresalen tanto como su camaradería y buen corazón.

Pienso en la actitud solidaria del propio Narva y de Daniel Burgos que una y otra vez aceptan trabajar en compañías o para gente que les debe eternamente dinero pero que, siguiendo los principios que hemos aprendido haciendo cine en equipo, los hace ser fieles a esas compañías o personas que alguna vez les tendieron la mano.
Pienso en Burgos haciéndola de chinchihuilla en El Mago y haciendo locaciones para Capadocia después de que un guión suyo (Valiente) fuera filmado como una serie de cortos especialmente hechos para el mundial de futbol el año pasado. Y de la mucha chamba que tiene fuera del equipo.
Pienso en la solidaridad (a veces terca e incomprensible) que nos profesamos los unos a los otros. Pienso en Laura García de la Mora soportando un trabajo en el que no está a gusto sólo porque Fiesco se lo pidió. Pienso en Fiesco defendiendo a su equipo a capa y espada para ser considerado en tal o cual puesto en proyectos ajenos a Mil nubes (sin importarle las maloras cartas que de repente lo acusan de nepotismo cuando en realidad jamás ha impuesto a alguien que el director en turno no valore por méritos propios).
Pienso en el momento en que Daniel Alonso decidió que el cine era lo suyo más allá de llevar la contabilidad de una película y se aventuró y se arriesgó a apostarle a este equipo apoyándonos en todo momento, no importa si no hay pago de por medio o se trata de levantar proyectos sin dinero o a bajos costos (llámese El cielo dividido, o los trabajos como directores de Julio Quezada o Jesús Torres Torres) pese a que de todos, él es el único que sí tiene que mantener a una familia de verdad (esposa e hijos).
Pienso en los momentos en que nos hemos ido y hemos vuelto (Julián había jurado que no trabajaría nunca con Elvia Romero cuando abandono El cielo dividido por Mezcal y hoy realiza uno de sus mejores trabajos en Rabioso sol), en las cenas de navidad, en las peleas en las que casi juramos no volver a trabajar juntos, en las largas e interminables horas de ocio y de trabajo postrados en una oficina, en el momento en que Tony Khun le dijo a Hugo que podía pasar todos los errores del mundo en un rodaje menos una mala cara: que la sonrisa era fundamental (principio básico de Fiesco). Pienso en todos los amigos que hemos logrado y que ahora forman parte de nuestro equipo de trabajo y que de vez en vez nos honran con su talento.
Pienso (entre todo lo que se me está quedando fuera) en lo agradable que es filmar al lado de todos ellos (Hugo, Ernesto, Tohui, Daniel, Julio, Narva, Daniel, Laura, Cantú, Jesús, Elvia, Roberto y Julián, los más recurrentes) y de las tantas veces en que es notorio para los demás, que cuando trabajamos juntos, de algo podemos estar seguros: no habrá gritos ni sombrerazos porque falló el videoassist o faltó tal o cuál cosa (eso sí, sólo una larga larga charla de por medio en la que, al terminar el llamado, arreglaremos nuestras diferencias pensando en nuestra amistad por delante).

DIECISÉIS
Mañana lluviosa. Es nuestro primer mediodía luego de semanas de trabajo y nuestro cuerpo pide “sapo”. Venimos a un mercado cercano al Olivar del Conde sólo a filmar una secuencia donde Kieri (Jorge Becerra) tiene un encuentro con un muchacho. Como si todos supiéramos que nos espera una larga borrachera, las tomas fluyen solitas y sin contratiempos, salvo por la molestia del director con el actor que poco a poco se ha vuelto cotidiana e incómoda.
Poco a poco, Julián se ha vuelto intolerante y violento con Jorge y la táctica de éste para protegerse es ignorarlo olímpicamente. Jorge es un tipo buena onda que se confió al ser el único actor que no hizo casting y comenzó a convivir con la familia Mil nubes meses antes de iniciar el rodaje, Julián simplemente se siente defraudado porque no está obteniendo de él lo que esperaba.
El sapo estuvo presente desde el snack con unas deliciosas carnitas y sesadillas que devoramos todos, menos el director, que en su papel de gringa adolescente suele guarecerse en las barritas de granola y las rebanadas de fruta.

La anécdota del día es del actor Rubén Ángel que llegó directo a preguntarle a Julián, de la manera más desenfadada que:
- ¿cuál es tu función en esta película?
- “ah, nomás dirijo”
le contestó él al ver que el muchacho ignoraba que se trataba del director.
El resto del día fue la celebración de nuestro primer Sapo en el patio de la casa de los padres de Cantú. Pronto, las semanas de cansancio pesaron sobre staff, dirección, foto, arte, sonido y por lo menos uno de cada departamento estaba muy muy ebrio (empero contento) antes de que dieran las cinco de la tarde. La cooperación para las chelas, las botellas alguna vez iniciadas y las mezcolanzas surgieron antes de que el crew entero se mudara al Panchos bar a celebrar mi cumpleaños.
Esta tarde celebré uno de los mejores cumpleaños que he tenido, si acaso el mejor, porque hacía unos meses ni siquiera hubiese esperado llegar a los 27 (más 9 meses de gestación diría Julián). Especialmente, rodeado de tanto cariño y consideraciones (gracias a todos!!!!).

DIECISIETE
Luego de un día de descanso reanudamos la filmación en el emblemático bar gay “El Oasis”, convertido para esta película en el lugar de trabajo de Ryo (interpretado por Memo Villegas a quién Julián cada vez quiere más pues, dice, tiene una sensibilidad y entendimiento nato para el cine).



Además de él, este día tiene llamado Juan Carlos Torres para realizar la secuencia en la que lo liga antes de llevarlo a su casa.

Hoy se despide de nosotros Mario Guerrero que se ausenta para enfrentar una avalancha de problemas y otro tanto de lecciones que la vida le ha preparado para madurar (Mario, las crisis existenciales no cuentan como problema, le dije inútilmente para que se quedara, pero el destino ya estaba escrito).

En su lugar comenzó a jalar el cable del videoassist esa mañana Pierre Saint Martín, amigo y colaborador recurrente de Mil nubes cine.
La toma más extraordinaria del día volvió a ser un dolly con vista a todas partes en el que Julio Quezada robó cámara como un cantinero bigotón que daba ordenes por doquier. Pese a que tenían que irse de avanzada a trabajar futuros sets, Julián pidió a "maestri" que dejara a Julieta por un rato, hasta que hiciera su aparición en la película bailando salsa con un chamaquito de los que hoy acudieron como extras. Otros que aparecieron en la toma fueron don Leo (del staff) y Narva y el osito que a propósito de un MOS hicieron su cameo como pareja gay de machines varoniles, justo como los que frecuentan este lugar en la vida real.
DIECIOCHO
Como por arte de magia, los baños de la Arena Coliseo fueron ambientados por Álvaro y Armando para que se asemejaran a los de un cine porno con frases y pintarrajeados que iban de la solicitud clara (“te cojo”) al albur ingenioso (la mejor de todas: “la verga es cuadrada, el culo la hace redonda”).

Este día, iniciamos con dos tomas exclusivas para Sebastián y Marco, dos actores que nos echaron la mano como extras en el Cine Tacuba, pero que por su presencia, actuación destacada y buena disposición merecieron ser más que “el hombre que cruza 2”.

Hoy la complicación fue por partida doble: escenas de sexo (entre Javier Oliván y Fabián Storniolo) y emplazamientos que merecieron el aplauso del staff que cada vez se interesaba más por los dollys con grado de complicación que más que rechazo despertaban reto.
Tal es el caso de un Dolly montado encima de las cabinas de WC (plano secuencia de más de 3 minutos) que registra una de las dos masturbaciones que se propicia el personaje de Kieri y el momento en que Sérgio penetra a Tari en una de las cabinas.

Mientras staff y foto maniobran la jugada (espacios reducidos, cuerpos amplios, reflejos en el espejo y demás) los muchachos de alimentación y los de seguridad se divierten sobre el ring de lucha libre profesional, al grado que “El Asesino” (amigable monigote del equipo de seguridad) es lesionado. Casi tres horas después la toma queda lista y la satisfacción se respira en el ambiente, cuyo olor a orines rancios ya nos parece normal.
Comenzamos a extrañar a Mario Guerrero y entre broma y broma, Pierre se gana el mote de “niño Montesori” por ser menos disciplinado que su antecesor.
DIECINUEVE
Toca el turno a la casa de Tari, que en la historia vive arriba de un gimnasio de box. Tarea difícil para el equipo de arte que recreó prácticamente todos los cuartos acondicionándolos en un viejo edificio frente al mercado de Tacubaya.
Hoy, a falta de Becerra, Julián se molestó con Javier Oliván. La gota que derramó el vaso y creó tensión entre ellos es que Oliván no supo contestarle de dónde venía su personaje en la historia (señal de que no había leído su guión) pero en realidad, estaba a disgusto con él porque de unos días a la fecha, después de elogiarlo por su desempeño, se había confiado demasiado y no estaba logrando lo que le pedía.
Julián, maestro en el arte de manipular emociones optó por quitarle atención y se concentró en Sebastián, el muchacho que se ganó el papel de Jonás después de su participación en los baños de la Arena Coliseo y debido al desaire (uno de tantos) de Miguel Hoppe para interpretar este papel. Javier hizo de tripas corazón y se concentró en su trabajo pese a resentir el cambio en la actitud de Julián.
La cotidianeidad perneaba ante el anuncio de fin de rodaje. Julio entonando el estribillo “Botas salvajes” o “Botas rojas” en referencia a Narva, Julián preguntando religiosamente a todo el mundo si acaso el hijo del moroco lo odiaba, Janek cuidando cual celoso guardián sus cajas de magazines, Elvia (particularmente amorosa en este rodaje) regalando mentas y abrazos o el doctor del sindicato aburridísimo leyendo una y otra vez, al derecho y al revés el llamado del día.
A punto estuvimos de no filmar una secuencia entre los puestos de la zona de comercios del paradero del metro Tacubaya. Hecho que resultó una epopeya de la que salimos bien librados.
La dificultad es que se filmó un gran tramo de calle con gente cruzando (que no eran extras) en horas pico. Otro de esos dolly in plano secuencia en el que Kieri le compra una película a Tari en su extraño puesto de piratería (ambientado con la colección de películas de arte, obviamente piratas, de maestri).
VEINTE
Abstracción total de la realidad. Venimos a filmar al derruido, mítico, emblemático cine Ópera una escena en la que Kieri y Ryo se conocen detrás de la pantalla de proyección de un cine porno y resulta que no la filmamos por una falla temporal con el proyector que no estuvo listo a tiempo. Aunque de entrada, el shooting planeado para hoy no alcanzaría a realizarse, conforme avanzó el día y las horas extras, Julián se vio obligado a cambiar radicalmente todo lo que tenía en mente hasta quedarse con una secuencia onírica inesperada que escapará a la comprensión lógica de muchos pero que agradará a otro tanto por su carga simbólica y fuerza visual.
Este día, nadie del crew se resistió a visitar los pasillos del viejo cine y deambulamos en varios momentos del día por sus pisos húmedos a punto de la destrucción. En la cabina de proyección, desde donde podía verse majestuosa la ciudad, caminábamos entre negativos quemados de las últimas películas proyectadas en el edificio.
Por la tarde, el aguacero cimbró sobre la estructura y el surrealismo era tal que veíamos llover sobre una parte del cine y las filas de butacas. Mi grupo de exploración estuvo conformado por Daniela, Juan Carlos Torres (de visita ese día) y Coral Bonelli (otrora niño actor que interpretara al hijo de Katy Jurado en el episodio Caridad, de Fe, esperanza y caridad).
Este día descubro que está a punto de gestarse un romance (tierno y genuino) entre Julieta y el Osito que se miran ensimismados en un descanso en el que por cierto, el resto de los chicos de arte aprovecharon para irse a comer. El hecho amerita que Jesús vaya por Álvaro y Armando y los traiga cual chiquillos de las orejas regañándolos: (“¿cuántas veces les he dicho que el set nunca se queda solo?”, les dice cual papá ante la escena divertida... después de todo, su solicitud en el set era una de esas urgencias desesperadas que en realidad no lo son tanto).
En un rato de ocio, nos enteramos que Carlos Slim ya es el hombre más rico del mundo y Caro y yo chacoteamos sobre lo oportuno que sería invitar al señor Slim a restaurar este edificio (propiedad del gobierno del DF) y convertirlo en un museo del cine con exhibición de películas clásicas y premieres exclusivas...
A Julián no le importa saltarse los ejes. Pero hoy fue uno de esos días en los que todos opinan si se lo está rompiendo o no (incluido Pierre que tiempo después de la toma en cuestión seguía revisando en el monitor si había o no error alguno). Sin embargo y pese a que en esta filmación el shooting lo conocíamos día con día, hay elementos, respiros, paneos que sólo a él le quedan claros y que uno como espectador sólo entiende una vez proyectado el trabajo final (Julio por ejemplo, pese a ser su director asistente, descubrió que las secuencias filmadas en el hotel Bammer para El cielo dividido eran afines y complementarias pese a pertenecer a dos momentos distintos de la historia mucho tiempo después).
El último plano de la noche, con el cansancio encima y la presión de dejar el lugar antes de la medianoche fue resuelto con un dolly circular alucinante en medio de un charco que era burlado por los sobrevivientes que ya un poco zombies girábamos en torno a él.
VEINTIUNO
Nos trasladamos hasta Peñón Viejo al oriente del DF. Hoy el día entero es para las secuencias iniciales de la película en las que Tatei deambula por las calles de la Ciudad. Tenemos poco material y no hay manera de gastar de más porque el siguiente pedido llega hasta mañana en la noche. Al llegar me entero que pasaré por el área de vestuario y maquillaje pues Julián ha decidido que interpretaré al “niño de la bicicleta”. Después de hacerla de standing junto con Don Julio en prácticamente todo el rodaje, me divierto alternando con la Zacarías que hoy me comparte la canción que le dedicó el amor de su vida (y que justamente no es Jorge Becerra).
A mediodía filmamos la secuencia en la que Tatei sube a un camión de pasajeros tipo “guajolotero” en la que Julián le pide a Giovanna otra actuación a la Meche Carreño o a la Dolores del Río. Se hacen dos tomas con la duda de que en una, haya volteado una camada de niños aledaños que se anexó a la multitud de pasajeros extra.
Entre la gente que sube al camión, está Iliana, nuestra muy dispuesta y entusiasta coordinadora de producción aprovechando que es uno de esos días en los que hoy nos visita en el set.
Amenaza con lloviznar pero nos damos tiempo para comer. Doña Elvia está particularmente inquieta por la visita de uno de “los amores de su vida” y Héctor Negrón se recupera de un catarro.
Pronto nos trasladamos a la Cabeza de Juárez donde la locación es objeto de un sinnúmero de bromas para Ángelo, quien semanas atrás fuera bautizado por Julio precisamente como “cabeza de Juárez”.
Ángelo, muy alivianado incluso se dejaba fotografiar como parte del “atractivo turístico” del lugar. Algunas gotas cayeron mientras filmábamos y corrimos de inmediato a la siguiente locación para filmar la secuencia inicial de esta película en la que Tatei aparece en el mundo actual a través de unos aros de concreto (cual túnel del tiempo) que sostienen un puente vehicular.
Debido a que el lente bueno fue olvidado, esperamos una media hora chacoteando mientras lo traía de la base una Ram de producción. Irremediablemente se siente el final de rodaje y anticipándonos, comenzamos a extrañar nuestro itinerario de vidas errantes.
miércoles 8 de agosto de 2007
martes 31 de julio de 2007
HARTO RABIOSO Parte 2

Por: Ulises Pérez Mancilla
Las coincidencias existen y son una forma de ir allanando nuestro destino. A veces ni siquiera es necesario elegirlas. Se imponen a voluntad de nuestras pasiones, de nuestros más recónditos intereses, de nuestros días de suerte y estados de ánimo. Dos días antes de que Memo Villegas acudiera al casting del cual resultó elegido, había hablado por teléfono a la oficina. No había nadie más que yo y me comentó su deseo por ser entrevistado. Le tomé sus datos y le dije que seguro alguien se comunicaba con él más tarde. Le hablaron hasta el día siguiente y se cortó la llamada. No supimos más de él hasta el día en que se realizó un “casting express” al que acudimos Roberto Fiesco (productor), Ernesto Martínez (primer asistente) y yo (script). Desde que lo vimos supimos que era a él (habemus Ryo, le escribí a Julián en un mensaje). Al día siguiente, su nombre se me hizo familiar, corrí al pizarrón de los post it y me topé con mi recado de días antes: “Llamó Guillermo Villegas, muchacho de última hora que quiere ser Ryo. Háblenle”. Algo parecido le ocurrió a Santiago, un amigo de Memo que acudió al llamado del Cine Tacuba como extra. Por continuidad, su participación se extendió a un plano en el interior de los baños de la Arena Coliseo donde su desempeño fue tan bueno, que Julián decidió que él debía interpretar a Jonás, luego de que el personaje pasó por manos de al menos tres candidatos (entre ellos, Miguel Ángel Hoppe, antiguo protagonista de Julián que no pudo realizarlo porque coincidía con el estreno de una obra de teatro). Siguiendo con los actores, recuerdo muy bien cuando, hace tres años, Javier Oliván acudió al casting de El cielo dividido y dejó claro que en aquel entonces su prioridad era la escuela (el Centro Universitario de Teatro). Aquella vez aspiraba a tener el papel de Sergio, homólogo de Tari, su personaje en esta película actualmente.
Conocí a Verónica (la creadora e impulsora de este blog) casi por casualidad una tarde de festival en el FICCO. Estaba comiendo en la fría zona de alimentos del centro comercial Antara junto con Joaquín luego de devorar al menos 3 películas ese día. En la vida, la vi sólo esa vez y me bastó para registrarla en mi mente como una chica peculiar: una mujer de gran tamaño (proporcional a su carisma y energía) que ⎯cosa curiosa entre los cinéfilos que de vez en vez se las dan de muy cultos⎯ era una fanática de los deportes a quien no le importaba desentonar y portar una vil playera de la Selección Mexicana y no un estampado super exclusivo traído del último festival de Cannes. Así era ella.
Aquel entonces, no hubiera imaginado escribir estas líneas ni mucho menos que colaboraría en la construcción de este blog con Joaquín Rodríguez, especialmente porque mi principal referencia de él eran mis lecturas de adolescente en las revistas Cinemanía y posteriormente Cine Premiere y 24 por segundo. Tiempos remotos en los que su pasión por redactar sobre cine, contribuía a acrecentar mi ansia de “algún día” poder estar en la filmación de una película. Tener a Joaquín Rodríguez como compañero de rodaje fue un placer. De ser un extraño metiche que encontraba los lugares menos apropiados para guarecerse en los primeros días de filmación, pasó a ser un personaje entrañable por el cuál todos preguntaban si se ausentaba un día (¡Cómo! ¡No vino la bitácora!, reclamaba Alex Cantú si por alguna razón no estaba). A veces bitácora, a veces actor o a veces, simplemente amigo solidario: Joaquín se fue involucrando en la dinámica del rodaje y fue acogido como uno más de la familia.
Hace unos días, en el In memoriam dedicado a Verónica tras su muerte, Joaquín decía algo muy cierto: nada nos garantiza a todos los involucrados en el filme a llegar con vida para verlo concluido. Y efectivamente: una semana después, falleció inesperadamente Sergio Almazán, uno de los protagonistas del cortometraje Bramadero. Y así nos vamos, entre coincidencia y coincidencia.



Con mucho cariño y en agradecimiento a esa loable labor de darle vida y trascendencia al cine a través de palabras, dedico mi segunda contribución del blog a Verónica y a Joaquín. Y en nombre de todo el crew, nos unimos al duelo por la pérdida de Sergio.
NUEVE
Hay áreas que mientras se filma, pasan injustamente desapercibidas y que sólo se hacen notar si hay un error, por mínimo que parezca, no obstante que trabajan incluso en horas de descanso con tal de que el llamado del día salga sin contratiempos: producción, locaciones, arte.

Este día por ejemplo, Julieta, Carolina, Álvaro, Armando, Elena, Jesús e incluso todavía Lulú (días antes de que renunciara a la película por diferencias irreconciliables con el diseñador de producción) decoraban dos departamentos simultáneamente desde muy temprano.



Hoy y mañana se filman un tipo de secuencias que obsesionan al director desde el inicio de su carrera y que corresponde al entrecruzamiento de personajes que en un mismo espacio físico y temporal se persiguen y añoran sin saberlo siquiera.


Estamos en la Unidad Habitacional Plateros y somos la novedad del vecindario que se pregunta intrigado: ¿de qué trata la peli? (“si supieran”, pensamos nosotros). La escena de esta noche es el encuentro del personaje de Ryo con Umberto: un hombre arriba de los 30 interpretado por Juan Carlos Torres.

Un actor que saca sus tomas con imponente sonrisa trémula y mirada conmovedora de por medio. Julián es ampliamente complacido y hace patente lo mucho que se agradece trabajar con actores como él (es decir, con actores). Juan Carlos es su segundo actor “maduro” invitado (tomando en cuenta que para el director alguien de 25 años es demasiado viejo para sus historias) y uno se pregunta: Con el placer de ver esos niveles de actuación, ¿para cuándo se animará Julián a escribir algo para sus primerísimos actores?


Hoy y mañana, Iván Hernández (asistente de foto de El cielo dividido) toma el lugar de Jero-Rod (primer asistente de foto titular de esta película). Ambos, dos jóvenes de la futura generación de fotógrafos egresados del CUEC. Jóvenes repletos de sumo talento, simpatía (raro en un asistente de foto), pasión y disciplina por su arte/oficio.
DIEZ
Volvemos a la Unidad Plateros bajo una lluvia intensa. El plan de trabajo cambia radicalmente y empezamos con el interior de la casa de Kieri. Esto no sería la gran noticia de no ser porque la escena corresponde al momento en que éste se masturba mientras ve una película porno.

Para cuando Jorge Becerra (Kieri) llegó al set, su rostro delataba su evidente nerviosismo y angustia. Un plano fijo sin aparente complicación se volvió una pesadilla para el actor (y desde luego para Julián que quedó muy frustrado con el resultado) luego de que, varios intentos después y debido a que nunca hubo el mínimo indicio de excitación en Jorge, el director optó por voltearlo frente a la cámara y desarrollar dicha masturbación en off. De entrada, Julián le proporcionó privacidad absoluta al actor. Sólo el equipo más indispensable permaneció en el cuarto. La acción de él consistía en poner una película porno en la tele y masturbarse mientras recibía una llamada telefónica lasciva (al teléfono, Álvarito le recitaría un desplegado de morbosidades para ayudarlo a entrar en papel).
Las tomas que se hicieron no estaban mal pero fueron insatisfactorias. Para aumentar la tensión, a la mitad de una de las tomas, sin aviso salió de su recámara el dueño de la casa que estaba prestando el departamento. Un viejecillo que no se explicaba que estaba pasando en su casa. Quienes lo vimos de inmediato pensamos que nos expulsaría sin remedio, pero para nuestra fortuna había un muro que le impedía ver; así que cualquier cosa que se haya imaginado, fue producto de lo que su mente hizo con los quejidos de excitación simulada de Becerra.

Pese a la lluvia, el staff (heroico como de costumbre) iluminó la explanada exterior y montó un dolly circular de manera que cuando paró de llover, todo estaba listo para continuar la filmación sin contratiempos.

La adrenalina que inspiraban los dollys circulares en los que se veía prácticamente todo era tal. que el crew se involucraba con la alegría inusitada de un niño cada que esto ocurría. El sólo hecho de correr detrás del dolly dando vueltas y vueltas o tirarse en el piso para no verse valían la emoción.

El resto de la noche, consumido por el enojo de la primera toma, Julián desahogó su malestar con su peculiar sentido del humor que, dicho sea de paso, lo vuelve extremadamente simpático y adorable siempre y cuando la ironía no vaya dirigida a uno mismo.
ONCE
Hoy inauguramos los llamados diurnos y esta mañana, la Zacarías realizaría su desnudo anual (según ella, hace uno de cajón por año), demostrándonos con maña y perspicacia que algo ha aprendido de este oficio, buscando su luz y sensibilizándose con sus movimientos frente a la cámara. Hoy, recibimos la visita de César Huerta de El Universal y Don Daniel Alonso, el productor ejecutivo que estuvo ausente un par de semanas por una operación de último momento, reanuda actividades.

El derruido y hacinado cuarto de una joven estudiante fue convertido en una habitación luminosa e íntimamente detallada.

La importancia de la habitación de Ryo parecía haber quedado más que clara a “maestri” (Jesús Torres Torres) y ello se vio reflejado en su tercer interior diseñado para esta película; apoyado por la extrema paciencia de Julieta Torres, la minuciosidad de Caro Jiménez y el activo y siempre atento dúo de Armando y Álvaro, que con los días se convertiría en la pareja chistosa del crew (algo así como el show ambulante de Bugs Bunny y el Pato Lucas).

Por la tarde, se filma la tan esperada escena de sexo entre Giovanna y Memo, que se percibe altamente nervioso.

Un par de ensayos después en los que la Zacarías cuidaba perfectamente que las manos de Memo no la taparan, Julián pregunta si les molesta la presencia de los miembros del crew. Giovanna responde que no, que la desnudez es algo natural y que no le incomoda en lo absoluto la presencia de otros. Memo, ingenuamente le toma la palabra y le dice que preferiría que salieran del set las chicas del crew (Laura, Arely, Caro, Daniela).

Julián le concede la petición pero le hace patente su indignación pues le parece terrible tener que pedirle a su gente que salga (aunque en ese momento le dijo que era algo que nunca había hecho, esto mismo había ocurrido ya en su anterior película con Fernando Arroyo). El par de secuencias salen al gusto del director, pero Giovanna queda confundida porque no salieron a la primera; y Memo se siente aplastado por los comentarios de Julián que lo llevan a creer que fue un error haberle pedido que las chicas se fueran, al grado de ir a refugiarse al salón de maquillaje a llorar preguntándose si hizo algo mal. Lo que ni uno ni otro sabía, es que el director se las arregló para obtener lo que quería de ellos incluso sin que se dieran cuentan.

DOCE
Desde ayer, el camper de maquillaje y baños tuvo wrapper up oficial. De aquí en adelante, visitaremos algunos de los sanitarios más bizarros y excéntricos de la ciudad. Ya sea por su escasa higiene, improvisada estructura o senda decoración. Los de la Casa del Estudiante son comunitarios y de poco aseo, al grado que al acudir a ellos, uno podía saludar al de la cabina de al lado mientras estaba de pie o toparse con algún estudiante de la casa bañándose en las regaderas sin el más mínimo pudor. Lo escatológico era tema de todos los días entre el equipo de dirección y foto.

Cuando Julián vio a Jero simular un accidente intestinal dio por hecho que los chistes de pedos de Julio Quezada habían llegado para quedarse. Para Julio, es un regocijo saber que sus ocurrencias y apodos se difunden y se afianzan para la posteridad. Cuando Daniela se dirige a Luis Argüelles (boom) como “el osito”; o el propio Julián le llama a Angelo Macedo (asistente de locaciones) “cabeza de Juárez”, es porque Julio le ha dado al tino.
Sin duda, es el humor el que aliviana la carga de responsabilidad que pesa sobre los hombros de Julio y Cantú en tiempos de llamado. De hecho hoy, la tensión por las secuencias sexuales disminuye y (tal como lo buscó el director) Memo se presenta mucho más relajado y con todas las ganas de demostrarle que puede con este tipo de secuencias y más. De manera que su encuentro sexual con Jorge Becerra sale a la primera y es Julián es harto complacido.

Narváez (sonidista de Julián de antaño) incluso se da el lujo de hacerlos repetir la escena para grabar un wild que posterga durante más minutos de lo que duró la toma para protegerse. Afuera, todos ponen cara de “ya les gustó o que” mientras que en el cuarto tanto Memo como Jorge continúan contoneándose y quejándose agotados y al borde de las risas en espera del corte. Lo dicho, este es un día más fluido. Aun en los pequeños efectos especiales (lluvia que corre por la ventana, agua de lavabo que se consume) Sergio Jara sigue sin la confianza absoluta del director.
Para mañana está planeado filmar el final de la película y para ello vuelve la tensión entre los departamentos de dirección y foto con arte y producción, pues existe la posibilidad de cambiar redecorar otro cuarto en planta baja o de ver la forma en que la grúa entre por la ventana de la planta alta. Reconstrucción del set o gastos extras para la producción, el argumento que les da Cantú es que en el cine nunca se dice que no (o como quien dice, no existen los imposibles).
TRECE

Hoy ocupamos una grúa montada sobre una decena de paralelos (un lujo para un filme de Julián) y el hecho amerita filmar ni más ni menos que la secuencia final de la película. Un final que, por alguna razón decidió cambiar de última hora: de un final feliz y esperanzador, a un final esperanzador engañoso (más bien desolador, muy al estilo de El cielo dividido).

De hecho, la similitud del plano y la correspondencia de personajes son muy parecidos. Julián llegó diciendo que Tari (alter ego del director en esta película) no podía ser feliz porque era de esos tipos que se sacrifican por la felicidad de los otros.

Lo que si tuvo un final feliz fue la entrada de la grúa que puso al gerente de producción a conseguir paralelos extra y al director de arte a reconstruir el ventanal la noche previa. La grúa también sirvió para simular la entrada de Tari volando al cuarto para otra secuencia.


El resto del día filmamos los momentos en que Tari (rabioso y desolado) no alcanza a comprender la dicha de los otros y en un arrebato de celos y envidia se roba a Ryo para transportarlo a un tiempo mítico.



Esto implicaría un homenaje a Hiroshima mi amor (Marguerite Duras es otra referencia obligada de Julián en la historia de su vida) y para ello, el equipo de arte tuvo que cernir barro seco sobre los cuerpos desnudos de Jorge y Memo que permanecieron estáticos por varias horas tras consumar el deseo de sus personajes.


Nos vamos de esta locación sin haber filmado el musical de Memo Villegas. Y por tercer día consecutivo, luego de despedirnos de casi todo el crew de abrazo (una costumbre muy propia de los rodajes de Mil nubes o liderados por Fiesco) Jero, Janek, Daniela, Mario, Arely, el osito y yo nos encaminamos al metro Lagunilla cruzando un camellón por donde los comerciantes ya estaban recogiendo sus puestos. En camaradería, hablamos de expectativas y futuros proyectos.
CATORCE
Día mágico: satisfactorio.

Seguimos dentro del barrio Lagunilla-Tepito-Morelos y venimos al gimnasio Gloria (del luchador Black Shadow) por una secuencia en la que Tari tiene una pelea de box durante un entrenamiento.


Los extras eran gente que pertenece al gimnasio: futuros boxeadores, niñas que le dan a la pera cual Hillary Swank en million dólar baby y viejos entrenadores que crearon un halo de honestidad en el ambiente que a su vez, respaldó las actuaciones de Javier Oliván y Baltimore Beltrán, quienes pasaron meses entrenando para este plano secuencia de aproximadamente tres minutos.


Este fue otro dolly de esos que entusiasmaban a Iván (dollysta de lujo) y que ponían a todos a correr detrás de la cámara o pecho tierra. Julio goza atravesarse en medio de los extras montándoles múltiples acciones en plena toma. Se ve prácticamente todo el gimnasio y mientras el crew se las ingenia para desaparecer los ensayos corren a buen ritmo.
Solidario, Black Shadow y su alumno más aventajado se ofrecen a coordinar la pelea para que se vea lo más realista posible. “En el box real”, dice Black Sadow previo a una indicación y Julián suspira y sonríe congratulado: “Al menos por esa parte ya no me preocupo”, piensa y se concentra en el emplazamiento. Oliván luce imponente, gallardo y las secuencias de fotos para él no se hacen esperar.

“Si quisiera podría hacerla en el box”, dicen los que saben elevándole el ego. La secuencia queda a la primera pero se repite al menos cinco veces por el placer de hacerlo.
Filmar por el meritito gozo de saber que lo planeado se ve extraordinariamente bien. Luz, dolly, actuación, extras, escenario, maquillaje, vestuario, logística. Cada toma merecía un aplauso y un alentador: “estuvo bien, pero podemos lograr una mejor. De esos días en que se entiende que el cine es un arte colectivo.

Al final, la gente del gimnasio se tomó una foto de recuerdo con miembros del crew y actores, incluido Salvador Álvarez, otro de los actores fetiche de Julián que interpretó al manager de Baltimore.
Este día comimos bajo la lluvia a punto de la inundación. Y para mantenernos secos, los chicos de alimentación corrieron por las paredes de su carpa sin importar que quedarían plenamente empapados.
Para desgracia de Jorge Becerra (que en una parte importante de la película goza de grandes momentos como héroe de acción mítico) el día no había terminado y tras esperar un par de horas a que la lluvia cesara, nos trasladamos a un frontón para filmar la secuencia deportiva correspondiente a su personaje. El piso era resbaloso, el actor no era un jugador experto y al ver que las pelotas volaban sin coordinación y por doquier, Julián replanteó sus emplazamientos con furia contenida. Un silencio embarazoso del crew que veía desde las gradas se desparramó sin aviso.
QUINCE
Subimos hasta lo más alto de Lomas de Becerra. Estamos del lado de la ciudad donde los edificios de Santa Fe parecen inalcanzables. Al borde del barranco, donde la gente hace todavía camino al andar, el edificio de “los pantalones” resulta irrisorio.

Hoy es el último día en que Sergio Jara hará llover a disgusto del director. Venimos para filmar el punto máximo de la (auto) degradación de Tari, desde mi punto de vista el más complejo de todos los personajes de esta historia.

Hoy el café sigue sin estar a la altura de un crew que se caracteriza por su adicción a la cafeína, no así las donas que comienzan a causar estragos en las panzas de muchos de nosotros (uno de los tantos y tan famosos efectos que causa la comida del negro en los rodajes). Aparentemente hoy es un día tranquilo, acompañado de hot dogs y coca cola pa’rematar. En un descanso, la filmación parece picnic no obstante que hace unos minutos Javier Oliván se desgarraba emocionalmente bajo la lluvia.

En un descanso, a Mario Guerrero se le ocurrió comentar que Jackie Brown era una película trascendente y muy bien realizada teniendo como parámetro las anteriores realizaciones de Tarantino. El comentario desató la polémica de ¿qué es una película bien o mal filmada? Y mientras los expertos se debatían o desentendían de sus juicios, los demás comíamos más y más hot dogs. Tohui (personaje único e imprescindible asistente de producción pese a ser un rejego de primera) resguardaba a Oliván del sol. Fiesco tenía una de sus esporádicas pero bienvenidas apariciones como making off y Elvia ponía su característico esmero en la aplicación de sangre dilatada en el rostro de Oliván con el auxilio de la niña Arely y Maribel, la chica de peinados que venía por parte del Sindicato.

Al mediodía y con tiempo ganado, nos trasladamos a la siguiente locación para realizar una toma de Tatei subiendo por otra parte de la barranca con la ciudad a todo lo que da como paisaje de fondo. Es temprano y logramos escabullirnos de la lluvia, comer a gusto y regresar temprano a casa.

miércoles 18 de julio de 2007
Este blog tiene un autor intelectual; bueno, varios; pero, al inicio, tuvo a una sola. Esa es Verónica Gutiérrez, quien alimentó la idea de que lo que pensábamos podría ser un diario publicable en forma impresa dentro de algunos meses (idealmente cuando se estrene la película), merecía ser conocido de manera inmediata gracias al Internet. Ella creó esta página y nos proporcionó después las claves para que nosotros (Julián, Ulises y yo) prosiguiéramos alimentándolo. Fue ella (gran admiradora del trabajo de Julián), quien inició la construcción del blog y colocó nuestros primeros textos. Fue ella, también, una de mis mejores amigas, extraordinaria cinéfila, y primera entusiasta de las causa perdidas del arte.
Incluso, Verónica se mostró inmensamente feliz ante la idea de ser extra en Rabioso sol, rabioso cielo. Por desgracia, cayó en cama, y ahora, varios días después, tenemos que enterarnos de que falleció. Esto ocurrió este lunes, el 16 de Julio de 2007, y yo, por lo menos, no tengo palabras para seguir escribiendo.
Verónica, sin quererlo y sin sospecharlo quizás, es ya parte de este sueño que es Rabioso sol, rabioso cielo. Modestamente, de inicio, contribuyó a alimentarlo, y entre otras cosas me entristece sobremanera que no vaya a estar para ver la película terminada. Después de todo, nadie nos garantiza, a ninguno de los implicados en el proyecto, que estemos al final con vida para verlo. Así es la vida, así de pequeña y efímera, inversamente proporcional al cariño que, me consta, Verónica le tuvo a su tiempo en esta tierra. Me quedo con su lealtad, con su amor al cine y a los deportes, y con su amistad de tantos años (ella es, de hecho, la única amiga sólida y duradera que conservo de mi estancia en la Universidad Iberoamericana del Distrito Federal). Va por ti Vero. Gracias por todo (por este blog, entre otras muchas cosas), y lamento profundamente no ser capaz de redactar para ti (hábil con la pluma además) un texto más articulado para esta ocasión. Descanse en paz.
Joaquín Rodríguez.
HARTO RABIOSO Parte I

Por: Ulises Pérez Mancilla
Semanas después de haber iniciado el rodaje, me preguntaba cuál sería la unidad que definiría mi propuesta para la bitácora. Había mucho de dónde cortar: de entrada, se trataba de la primera película de Julián Hernández apoyada por el IMCINE con un presupuesto decoroso. No olvidemos que en sus dos filmes previos, este apoyo sólo se lo concedían tras enterarse de que había sido seleccionado para participar en el festival de Berlín... (¿Cambiaría eso su manera de filmar?... Desde luego que no).
¿Debía destacar entonces el exhaustivo casting para encontrar al más luminoso de sus personajes? ¿Contar de cómo nuevamente hizo que un joven abandonara sus clases en la Escuela Nacional de Teatro para filmar su primera película?, ¿de la difícil decisión de elegir a la actriz que interpretaría a una diosa dadora de vida? ¿de cómo Julián ha ido perfeccionando su método de dirección de actores (a veces dulce a veces cruel), basado en su fascinación por la vida de Fassbinder?

¿O era mejor centrarme en su equipo de trabajo?... ¿En el equipo leal y profesional que el productor Roberto Fiesco ha ido forjando al grado de crear vínculos de amistad estrechos y cada vez más complejos desde algunos años? ¿O en aquellos que por primera vez se unían a la experiencia de filmar con la familia Mil Nubes Cine?
Quizá debía avocarme en la mera magia de hacer cine y de las cosas que, como bien le gusta decir al director, hacen del cine “un acto de fe”: Y entonces venían a mi mente la entereza que uno saca de quién sabe dónde para sobrevivir a los llamados nocturnos, de la apropiación de los espacios citadinos más inimaginables que en menos de 12 horas pueden pasar de ser un basurero a un legitimo espacio de convivencia y creación...
Pensé en lo azaroso que es filmar, en cómo el rodaje cobra vida propia y las circunstancias y ánimos van definiendo el rumbo de la historia. De cómo la coincidencia más mínima le puede regalar a alguien su primer close up en el cine, de cómo 10 emplazamientos de pronto se vuelven un magistral plano secuencia y de cómo se va aprendiendo a amar cada lata de 400 pies...


Pero también pensé, ¿Y aquellos que no tienen nada qué ver con la filmación y lean esto? ¿les interesará saber que el ánimo de Giovanna Zacarías repuntó durante el rodaje? ¿qué el segundo asistente de cámara, pesé a su disciplina y pasión nata por hacer cine, quedó fuera del proceso de selección de la nueva generación del CUEC?, ¿qué Carolina Jiménez, del equipo de arte, suspendió un viaje a Praga por estar en el rodaje? ¿qué había días en los que, sin importar si el motor era la alegría inconmensurable o la desolación absoluta, el crew se entregaba a su trabajo como quien ama su oficio?

Probablemente haya quien esté más interesado en saber qué podemos esperar de esta película que vuelve a volcar a Julián en su obsesión por la búsqueda del amor a partir del perfeccionamiento de sus personajes, de sus espacios citadinos, de sus referencias cinematográficas (Dreyer, Emilio Fernández, Fassbinder, Tsai mig Liang, Apichatpong Weerasetakul), de su elección ética al momento de emplazar la cámara, de su necesidad de hacer cine, de sus eternos miedos, de sus eternas soledades.
¿Y la crítica, cómo recibirá una película de Julián Hernández con efectos especiales, filmada a color y en blanco y negro, con una probable duración de cuatro horas y con menos monosílabos que en su anterior filme? ¿Cómo la recibirá el público? ¿Quién será su público? ¿Le aplaudirán en Berlín o abandonarán la sala? ¿Encontrará distribuidor en México antes que en otras partes del mundo? ¿Cuánto tiempo pasará antes de qué vuelva a filmar?
Las preguntas son dudas que obsesionan. Y a veces, esta rara necesidad de hacer cine rebasa incluso a las preguntas más íntimas, las más convencionales, las que parecen tener la respuesta más obvia. Y cuando uno menos se lo espera ya está ahí: filmando con la vida por delante, a sabiendas de que lo único cierto de cada rodaje es que “cada película está hecha de fotogramas, se hace de un emplazamiento a la vez y pasa ligera como un día en la vida”.

¿Es que si amamos el cine, amamos la vida?
UNO
Al pie de las escaleras del metro Observatorio, los primeros curiosos creían que la mujer del vestido blanco y franjas negras era la Gaviota, pero no: era la Zacarías que con su primer dolly circular se ganaba el reconocimiento incluso de aquellos que dudaron que podría hacer de Tatei un gran personaje.

Company move a Lomas de Becerra para cenar casi uno encima del otro, mientras escuchábamos la remembranza de los peores días en la vida del primer asistente de dirección, en una época en la que, recién llegado al DF en espera de consolidar su carrera, caminaba desde los estudios Churubusco hasta esta zona de la ciudad por no poder costearse la renta en un lugar más céntrico.

A medio barranco con desagüe al aire libre, capturamos la intensidad de Javier Oliván y Joaquín Rodríguez que bajo una lluvia intensa recrean la violación de Andrés a Tari a un costado de una vieja caseta de vigilancia que hasta antes de que llegáramos nosotros, era el hogar de un puñado de muchachitos chemos.
Al amanecer, Julián parece contento de volver al blanco y negro, no obstante haber hecho su primer coraje con el equipo de vestuario (debido a la altura de Joaquín Rodríguez, las opciones de chamarra nunca terminaron de convencerlo).
DOS
Segundo nocturno. Hoy se filma la presentación del personaje de Ryo y Memo Villegas está nervioso porque anoche, Giovanna Zacarías le dijo que para ella era la escena más complicada por encima de las escenas de sexo, por la variedad de emociones que le demandaba. Zacarías lleva más de una docena de películas, mientras que este es el debut de Guillermo que hace apenas unas semanas, jugaba a ser actor en la liga de improvisación.

Intrigado por el emplazamiento del día, Marcos (un muchacho de seguridad que ha visto en la empresa Control fílmico su oportunidad para inmiscuirse de momento en el cine) se confiesa admirador del trabajo de Julián. La noche avanza rápido y los emplazamientos complicados comienzan a ser habituales.

Luego de un par de tomas para ella sola, la Zacarías ve venir a Guillermo que se presenta con una sonrisa encantadora. Frente a su monitor, entre toma y toma, el director no para de acomodar su cuadro con las manos, como si la pantalla fuese un control universal. Esta noche, Julián inicia formalmente un romance tormentoso con los efectos especiales.
La última toma es un espacio amplio donde llueve y el equipo de efectos nunca logra un aguacero que satisfaga al director. O es mucha lluvia ( al grado de desaparecer a los actores, descubriendo sin querer que en futuras producciones la lluvia en exceso podría ser un maravilloso y muy barato fade a blancos) o de plano es un aguacero ralo y disparejo.
TRES
Locación lejana al oriente de la ciudad. Estamos literalmente encima de un basurero donde pasada la medianoche las ratas se asoman a ver la toma entre chillidos y la banda vecina nos grita: “ahorita los vamos a asaltar a todos”. Llegando, llegando, había un remolino de curiosos que se fue disipando conforme llegó la medianoche...

Hubo por lo menos 10 ensayos antes de la primera toma del día. La secuencia correspondiente: el acecho de Andrés a Tari. Esta noche, Joaquín Rodríguez deja de lado la bitácora para concentrarse en su actuación. Horas más tarde sería arrastrado por un suelo nada higiénico una y otra vez hasta alcanzar el realismo deseado para su segunda gran secuencia.
La noche es corta y los emplazamientos largos y difíciles. A partir de hoy, será costumbre la síntesis aditiva, los paneos inesperados hacia lontananza y los box lunche para el equipo de trabajo que difícilmente puede darse el lujo de ir a comer porque nos gana el día.
CUATRO
“Acéptalo, esta no es una película de efectos especiales”, le dije a Julián días antes (especialmente porque el presupuesto real de la película está muy por debajo de los requerimientos económicos del guión). Sin embargo, aquí estábamos de nuevo dándole una oportunidad a las lluvias ficticias que después de muchos ensayos que incluso llegaron a exasperar a Julio Quezada, el asistente de dirección, no quedaron tan mal.
Lo frustrante de intentar e intentar es que la noche se consume más rápido que el día y los emplazamientos planeados originalmente se van modificando. Estresante, sin duda, sin embargo, todo parece indicar que la genialidad del director está precisamente en ir virando el timón del barco con resoluciones que lejos de parecer improvisadas, dan muestra de su oficio, talento y gran pasión por el lenguaje cinematográfico.
En pleno corazón del centro de la Ciudad, filmamos afuera de la Casa del Estudiante en República de Perú, donde toda la noche, no dejó de pasar por la acera un solo auto en extremo carísimo y repleto de banda de barrios aledaños, dejando claro que filmar es mucho menos redituable que vender piratería... O pornografía... O drogas. Asimismo, filmamos rodeados de vagabundos que apenas se inmutaron con las luces y el embrollo de la lluvia.
Este día, el director recibió una visita especial. Héctor Negrón, con su peculiar porte y estilo (siempre presentable y pulcro), iba de un lado a otro secando la ropa empapada de los actores, mientras la Zacarías y yo intercambiábamos recetas de antidepresivos, mal de amores y otras linduras, sólo para llegar a la conclusión de que las mejores terapias que puede uno tener, son los rodajes de Roberto Fiesco, el único productor que suele inundar el set de risas y bonhomía que a la mayoría alegra, pero que a su vez (y particularmente en circunstancias adversas) ponen muy tenso al director.

CINCO
Afuera había lluvia natural, pero hoy la acción era en el interior de la Casa de los Estudiantes. De pronto, un niño avispado (vecino del barrio que se encontraba jugando en las canchas del lugar), se acerca al monitor y de la nada dice: “Que lástima, esta lluvia les hubiera servido mucho ayer, verdad?”

Para este día, la delegada de la ANDA había solicitado un lugar especial para los actores en el set. Y se les proporcionó. Sin embargo, lo que la delegada no sabía, era que el crew que suele trabajar para Mil Nubes despierta tanta confianza, entrega y familiaridad que los actores (contrario a otras producciones en las se vuelven entes caprichosos y lejanos) sienten la necesidad de pertenecer (y por tanto convivir) con quienes nos volvemos sus más allegados durante unas semanas. De esta manera, el lugar acoplado especialmente para ellos, permaneció inhabitado durante toda la noche.
Guillermo Villegas, por ejemplo, será recordado por ir de un lado a otro con su carisma dicharachero y de habla enredada (su peculiar voz gruesa contrastaba con su candor infantil e inocencia). Como niño que lo cuestiona todo, se ganó el mote de “Memo Lio” luego de que se atreviera a cuestionar a la maestra Elvia Romero mientras lo maquillaba.
Este día el cansancio ronda con más ímpetu, pero los planos siguen siendo del gusto de todos. Al final de la jornada, casi al amanecer, hubo una especie de plano cuadrangular que implicó poner y quitar una puerta en plena acción. Hay participación activa de todos. Se realizan un par de tomas y de pronto, se frustra un último intento de mejorarla porque a la pipa se le acabó el agua.

Al parecer Sergio Jara ya había indicado que quedaba muy poca agua, sin embargo, igual despertó la furia del director que empezó a restarle confianza desde el primer día (sin importar si a veces su trabajo era del todo bueno o del todo malo). El sol estaba a punto de salir y en una de esas actitudes esperanzadoras de creer que intentándolo todo se puede, los chicos de efectos cambiaron sus mangueras a la bomba de la casa de los estudiantes pero (como se veía venir) llegó el claro del día y todo quedó en intento.
Había la intención de filmar hoy un musical con el tema de José José “Cada mañana”, pero pretender que se haría, desde que inicio el llamado, era el mismo caso de la lluvia de Jara.
SEIS
Después de la primera semana de llamados, el rodaje camina por sí solo (siempre y cuando haya material) y uno se apropia de la cotidianeidad que embarga a todos los miembros del crew: la amabilidad de don Jesús González (alias Moroco), la sonrisa de la asistente de maquillaje (siempre pendiente de que fuera a ser toma y preguntando qué lente iba pese a ser su primera película), el juego de Mario Guerrero que consistía en extender la mano y simular que lanzaba poderes (influencia directa de los X men) o simplemente la repetición de frases que acuñaba el asistente de dirección y que en cuestión de días todos repetían como merolicos (desde el cándido Ulichi AHHHHHHH, hasta la onomatopeya UFFA, que advertía que algo andaba mal o se avecinaban los problemas).

Lo especial de hoy era que visitábamos un nuevo set y que por primera vez habría variedad de actores extras. También sería exhibido Bramadero, el cortometraje con escenas de sexo explícito dirigido por Julián ex profeso para esta película. Clarisa Rendón, la actriz fetiche del director venía por una participación especial y en general, después de un lunes de descanso, el ambiente de trabajo era alentador.

El director estaba contento con el trabajo de Memo-Lio que después de una semana empezaba a dominar la mirada Julianesca y a llegar exacto a todas sus marcas. Julio Quezada se sentía como pez en el agua desplazando extras.

Mención especial merece el trabajo del equipo de arte, a cargo de Jesús Torres Torres que convirtió el decadente Cine Tacuba en un recinto homenaje al cine nacional con posters emblemáticos de nuestra cinematografía. Con la omnipresencia de Meche Carreño en varios de ellos. Y una Silvia Pinal de cartón que parecía atender la dulcería, donde el diseño era tan “pro” que hasta vendían condones.
SIETE
Al inicio de nuestros llamados, la última función de la exhibición normal en la sala del ciine Tacuba iba terminando, de manera que resultaba curioso ver las caras de los clientes que lo último que esperarían al salir de su cine porno favorito es encontrarse con una mesita de donas y café o la luz de un veinte mil rebotando sobre sus caras.

Hacía días Julián había decidido que en la secuencia en la que Kieri (Jorge Becerra) se topa con Bruno (Harold Torres), Becerra tendría que mostrar su miembro. Esta situación puso muy nervioso a Jorge pese a que en una parte importante de la película aparece desnudo y al parecer hasta entonces mostrar el cuerpo no era motivo de problemas para él.

En este segundo día, la mayoría de las secuencias se filmaron al interior del cine y Alex Cantú estaba particularmente contento con la iluminación que, junto con el staff, logró allá adentro. El desfile de actores extra continúo y los ligues ficticios en los pasillos del cine se extendieron. En un homenaje a Good Bye Dragon Inn de Tsai Mig Liang, el personaje de Clarisa Rendón (que iba por un llamado) se extendió y se volvió presencia constante en los rincones del cine. Desde el inicio de su carrera, Julián ha trabajado con ella y reconoce que pese a su relación de odio-amor, Clarisa es como su “amuleto de la buena suerte” y desde luego, una gran ctriz.
OCHO
Daniela Tena, la asistente de cámara que con los días fue ganando el cariño del crew con su amabilidad y sonrisa (pese a que al principio le fue difícil agarrar el ritmo de trabajo y demostrar que además de una chica bonita es una gran persona) bien lo decía: Íbamos por el tercer día en el cine y pareciera que sólo llevábamos un largo, largo día de trabajo.

Iniciamos con una escena en la que Clarisa proyecta el corto de Bramadero. Y ahí estaba otra vez el espíritu del cine mexicano entre nosotros. Hoy recibimos la visita de un grupo de jóvenes que realizaban un programa especial para canal 22. Había uno particularmente guapo. Y entre descanso y descanso, despertó los comentarios de Daniela, Elvia, Laura, Javier y Memo que empezaron discutiendo acerca de los estereotipos de la belleza y conforme se proyectaba el corto en los ensayos, terminaron reflexionando acerca de la estética del órgano reproductor masculino (¡Así son los tiempos muertos en el cine!)
Alfredo Audel, el staff mejor conocido como el 2.20 emanaba una energía abrumadora todo el tiempo: “No lo intenten en casa” solía decir mientras trabajaba y al llamado del señor Moroco respondía con un caricaturesco “Zuckkkk” (algo así como los PUM-PANG de la serie de Batman que significaba “voy enseguida” y pronto, cual niños de Kinder aprendiendo las primeras palabras, los miembros del crew empezábamos a repetirlo)... Para el 2.20, los tiempos muertos eran preciados justamente para estar al tanto de los partidos de la Selección Mexicana, que mientras filmamos se disputaban la Copa de Oro y la Copa América.

Este día filmamos sin parar el acecho de Tari (Javier Oliván) a Ryo (Memo Villegas) en los pasillos del cine. Una vez más, el equipo de foto, dirección y staff reservó su hora de comida para el wrapper.
lunes 16 de julio de 2007
Notas para un diario de rodaje (13) ADDENDA

La locación ahora es el Bar Oasis, ubicado justo en el centro de la ciudad, a muy pocos pasos del Teatro Blanquita y de la Plaza de Garibaldi. El llamado fue otra vez a las 7 de la mañana, y a lo largo del día se recreará en el bar la actividad propia de las noches. Para esto, lógicamente, se requieren otra vez una buena cantidad de extras, ahora muchos de ellos amigos de la producción, y ante la falta de una buena cantidad de ellos (de extras, no de amigos), se ha echado mano de varios de los miembros del crew. Incluso yo he extreado, colocado de espaldas a la cámara, y sentado en una mesa junto a Jesús Torres Torres, uno de nuestros dos directores de arte.

La escena a filmar busca ilustrar el ambiente de trabajo del personaje de Ryo, y su primer encuentro con el personaje de Juan Carlos Torres. Son ellos, pues, los únicos dos actores que han tenido llamado hoy. Podemos decir, a juzgar por el clima de trabajo del Día de hoy, que ya se ha asentado un ritmo de rodaje y se ha conseguido una atmósfera por demás tranquila y relajada. Hoy, por ejemplo, no ha habido mayores contratiempos, pero incluso en los días en los que si los ha habido (obligando a modificar escenas), nunca se ha percibido una tensión particularmente incomoda ó se ha llegado a los gritos o a disgustos mayores.

La tranquilidad de esta jornada se hace evidente sobre todo a la hora de la comida, ya que es uno de los pocos días (y esto sí hay que anotarlo) en que Julián y Cantú se han trasladado al comedor a la hora del corte a comer, y han permanecido ahí comiendo con calma y siendo participes de conversaciones que la mayor parte de las veces se apartan de lo que está ocurriendo en el set. Generalmente, director y fotógrafo permanecen todo el tiempo en el set y el servicio de alimentación debe llevarles un box lunch que consumen con rapidez para no distraerse demasiado tiempo del proceso de trabajo. Esto ocurre también con algunos de quienes están cercanos a ellos en su labor, o bien, el crew se organiza para tomar turnos e ir a comer. Como señalé, no es hoy el caso, y la filmación transcurre con calma y rapidez al punto de que el corte se da aproximadamente a las cinco de la tarde.

Este día relajado y tranquilo, por otra parte, ha hecho más evidente que de costumbre una curiosa característica de Julián, y esa es su aparente posesión del don de la ubicuidad. Es como si tuviera la capacidad de estar en todos lados a la vez, o mejor dicho, de aparecer en los lugares más inopinados en el instante preciso, es decir, cuando en una conversación cualquiera alguien tiene algo que decir sobre el rodaje, la película y su persona. Creo que todos hemos experimentado el estar conversando y percatarse súbitamente de que Julián está ahí, a un lado, escuchando lo que uno dice, sin decir nada, desde quien sabe cuanto tiempo atrás. O peor aún, es común darse cuenta de que él esta ahí cuando se decide a intervenir en la plática. También Elvia, la maquillista, me comentó que Julián a veces está a varios metros de distancia de una conversación, aparentemente concentrado en otra cosa, y de pronto acota algo evidenciando que está pendiente de todo lo que se diga en su set. Sobre todo, quienes han sido victimas de esta discreta forma de Julián de acercarse a las conversaciones han sido los actores, muy dados a hablar de más y decir barbaridades, por cierto.

En todo caso, lo que me queda absolutamente claro es que trabajamos con un director que está ahí, en el set, todo el tiempo, cualidad de la muchos directores no podrían presumir y que al final, innegablemente, tiene su efecto y deja su sello en el producto final.

Notas para un diario de rodaje (12)

Locación: Arena Coliseo.
Nuestro día de rodaje transcurrirá en el interior de la Arena Coliseo, pero solo serán utilizados unos baños situados en el segundo piso, y que dentro de la ficción de nuestra película corresponderán a los baños del cine Tacuba. La razón por la que fue escogida esta locación, curiosamente, tiene que ver en parte con la limpieza de estos baños, esencial para albergar con comodidad a un equipo de filmación durante varias horas, y también a la disposición de los mismos.

Los actores que juegan hoy son Javier, Jorge y Fabián Estorniolo, este último en su único día de rodaje. Una vez más, el rodaje transcurre de manera más fluida y tranquila que de costumbre, y esto es evidente incluso en el humor de Julián, más relajado y contento que otros días. Esto se deja ver sobre todo al final de cada toma, cuando utiliza palabras como “precioooosa”, ó simplemente “muy buena”. Por cierto, que esa peculiar manera de decir “preciosa”, enfatizando la o, ha sido adoptada por muchos de nosotros, así como la forma en la que Jesús Torres Torres ha convertido ya en obligatorio el decir “¡péeeeesimo!”, enfatizando la e, cuando algo nos parece malo.

Pero volviendo a Julián, su aprobación o descontento con las tomas resulta en general muy evidente a juzgar por sus comentarios al final de las mismas, y eso ha dado cuenta de que material ha sido el que más se ha acercado a su visión, ó bien, el que más satisfecho lo ha dejado. De pronto, la ausencia de algún comentario es más que suficiente para percatarse de que una toma no le satisface, y eso ha sido evidente sobre todo en casos en donde alguna dificultad técnica ha obligado a alguna modificación extrema, ó a los momentos en los que algún actor no ha comprendido del todo lo que debía proyectar o desempeñar en escena.

Notas para un diario de rodaje (11)

Día numero 16 de rodaje en el Distrito Federal.
La locación es el mercado 6 de Enero de 1915, en la Colonia Molino de Rosas. Es este el primer domingo que la producción trabaja durante el rodaje en el D.F., pero se trata solo de medio día de trabajo, y las tomas son breves y sencillas (sobre todo si las comparamos con las de los días anteriores). Los actores citados son Jorge Becerra y Rubén Ángel (este en su único día de llamado), y la secuencia en la que intervienen corresponde a un momento en el que Kieri recorre el mercado y “liga” con el muchacho (así, sin nombre) representado por Rubén Ángel.

Como ya es costumbre, los extras, la propia gente del mercado, ha desempeñado sus “roles” con absoluta eficacia y sin voltear a la cámara una vez que Julio y Ernesto han hablado con ellos y les han advertido de la filmación y las necesidades de la misma.

El corte se da a la 1:15, y podría decirse que hasta ahora ha sido el día de rodaje más sencillo y relajado. No hay mayores comentarios, y más bien, la nota del día corresponde a lo ocurrido después del corte, ya que por primera vez desde que inició la filmación se llevará a cabo un “sapo”. Para los no iniciados en las “tradiciones” del cine, el “sapo” es un convivio del equipo de producción que usualmente se celebra el sexto día de rodaje de cada semana, cuando solo se trabaja la mitad de la jornada, y consiste en comer (o cenar, según sea el caso) como se hace comúnmente, pero brindando con cerveza que ha sido proveída por el productor. En otras palabras, la comida de hoy ha sido el inicio de una borrachera que se ha prolongado parte de la tarde y en la que el equipo ha terminado de “romper el hielo”.


La parranda, de hecho, continúo en una cantina cercana al metro Insurgentes, y el motivo ha sido el cumpleaños de Ulises, nuestro script. Por supuesto, el alcohol también ha servido para que algunos se decidan a “ventilar” anécdotas ó situaciones surgidas durante el trabajo de estas semanas. No ha faltado el reclamo respecto a algunos de los comentarios de este diario; y Mario Guerrero, el video assist, y quien de alguna manera se despide ya que no nos acompañará el resto del rodaje por otros compromisos, ha aprovechado su embriaguez para subrayar lo que él consideraba era antipatía de parte de Julián hacia él al inicio del rodaje.

El festejo ha concluido al filo de la media noche, y sin duda que no ha continuado debido al cansancio acumulado de todos nosotros a lo largo de estas semanas.

Notas para un diario de rodaje (10)
Día 15 de rodaje en el Distrito Federal.
El día de trabajo incluye dos locaciones, una cercana a Lomas de Becerra, y otra en un mercado situado cerca del Metro Observatorio. Sin embargo, quien esto escribe no asistió hoy al rodaje, prefiriendo mejor trasladarse a Paseo de la Reforma para ser testigo de cómo inició la campaña publicitaria de la anterior cinta de Julián, El cielo dividido, cuyo estreno en salas comerciales está previsto para el 7 de Septiembre del 2007. Quizás esto no guarde relación alguna con Rabioso sol, rabioso cielo, pero me parece sorprendente que un año y medio después de su estreno en el Festival de Guadalajara y en el Festival de Berlín, una vez concluido un periplo internacional particularmente exitoso, con el rodaje de su nuevo largometraje en proceso, Julián no haya visto su anterior obra llegar a las pantallas comerciales todavía. La calidad y el impacto de El cielo dividido es indiscutible, y solo hasta ahora, a pocas semanas de que por fin una compañía distribuidora haya decidido apostar por su estreno comercial, se vislumbra la posibilidad de que más gente descubra una propuesta que me parece original e innovadora, sobre todo en términos de nuestra anquilosada y extraviada producción fílmica nacional, y responsable en gran medida de que esté aquí escribiendo este boceto de diario de rodaje. Así pues, quienes tengan todavía la duda de que propone Julián en su cine, y aquellos que no hayan visto nada de su obra, pronto podrán hacerlo, si la fecha de estreno se mantiene firme y no sucumbe frente a los constantes vaivenes de una cartelera que vive plegada a los designios de Hollywood. Suena terrible, pero es verdad.
Ahora hay que aclarar que este inicio de la campaña de El cielo dividido en Reforma tiene su razón de ser en el hecho de que hoy se llevó a cabo la marcha del orgullo gay, y fue en esta que se decidió incluir un jeep en donde uno de los protagonistas, Miguel Angel Hoppe, recorrió la avenida saludando cual reina de belleza y repartiendo autógrafos a los muchos que los solicitaron, lo cual nos hace albergar la esperanza de que todos aquellos que se le acercaron sabían quien era porque ya habían visto la película (durante su paso por la Muestra Internacional de Cine ó en otras exhibiciones en circuitos culturales y festivales), y son declarados admiradores de ella. Tras el jeep iba otra camioneta que ostentaba un enorme globo con el cartel de la cinta, y se repartían además camisetas y abanicos alusivos.
En cualquier caso, uno piensa cuál será el destino de Rabioso sol, rabioso cielo, no en términos de su calidad e impacto en los circuitos que suponemos la apreciarán ó desearán verla, sino en cuanto al trato que recibirá una vez que corresponda su turno de estrenarse. Si el cine mexicano ó cualquier otra obra fílmica alejada de las normas convencionales normalmente es aplastado por un circuito de exhibición veleidoso y pendiente solo de lo que pueda redituarle ganancias abultadas e inmediatas, ¿Qué sentido tiene entonces insistir en crear cosas nuevas y propositivas? ¿Cómo llegar a ese publico que sabemos que aprecia esas “otras” propuestas? Y tantas otras preguntas que cruzan siempre por nuestras cabezas.
Desde hace algún tiempo creo que es necesario crear ese otro circuito alternativo de exhibición solo tímidamente vislumbrado en nuestra urbe por piezas claves como la Cineteca, las salas de la UNAM, y algunas salas aisladas de circuitos comerciales que han encontrado una asidua clientela deseosa de ver otro tipo de cine. Pero falta mucho por hacer, y el modelo a seguir es el de otras urbes como la nuestra que han concretado circuitos alternativos exitosos y sólidos. Ahí debería tener su sitio El cielo dividido, y ahí tendría que tenerlo Rabioso sol, rabioso cielo, un esfuerzo que, me queda claro, no es en vano, independientemente de qué tan bien quede.
Notas para un diario de rodaje (9)

Día 14 de rodaje en el Distrito Federal.
La locación el día de hoy está enclavada en el corazón de Tepito (perdón por el lugar común, pero me moría de ganas de utilizar esta sobada expresión), y es justamente un gimnasio de entrenamiento para boxeadores: el Gimnasio Gloria. Del lugar, que fue cerrado todo el día de hoy expresamente para permitir que la filmación se llevara a cabo, hay que decir que no podría resultar más idóneo para ilustrar como el personaje de Tari se entrena (un chico de clase baja luchando por convertirse en boxeador en un medio agresivo), y se trata, sin duda, de un típico gimnasio popular sin lujos ni sofisticación alguna, dotado solo de lo indispensable, y dominado por un ring de boxeo en su centro y alrededor del cual tiene lugar cualquier otra actividad que ahí se desarrolle. De hecho, es este ring y su disposición en el local lo que convirtió a esta en la locación ideal, ya que la única toma que aquí se hará es un largo plano secuencia circular, de poco más de tres minutos de duración, en el que la cámara da vueltas alrededor del ring mientras somos testigos del proceso de entrenamiento no solo de Tari sino de todos los que están a su alrededor. Es un plano complejo, quizás uno de los más complejos de esta película, y en él intervinieron aproximadamente 20 extras, incluyendo a Black Shadow, otrora celebre luchador y propietario del gimnasio, coordinados todos en una elaborada coreografía que los obligó a trasladarse velozmente de un extremo a otro del lugar debido a que a lo largo del plano se le veía en repetidas ocasiones, en distintos puntos, y ejecutando acciones diferentes en cada aparición.

En total, la cámara completó cinco vueltas al ring a lo largo del plano, y los ensayos fueron más de diez antes de realizar la primera toma. Los extras, como nunca, han mostrado una entrega y una disciplina admirables, y este entusiasmo, creo, ha dotado a la escena de una vida y atmósfera muy particulares. Debe señalarse que, así como Black Shadow, la mayor parte de los extras pertenecen a la fauna regular del gimnasio.

Además, algunos de ellos son entrenadores del lugar que han “coucheado” a los actores, Javier y Baltimore Beltrán, quienes han debido modificar parte de su coreografía entrenada durante varias semanas para ajustarse a las exigencias de quienes han detectado acciones y movimientos que no corresponden con las de boxeadores “de la vida real”, como uno de estos profesionales señaló.

Para la complejidad de la toma, es sorprendente que esta haya sido resuelta poco antes de las tres de la tarde, hora en la que se dio por concluida la labor en esta locación y se dio el corte a comer. De hecho, los problemas de este día iniciaron justo en este momento, primero, porque una lluvia torrencial se dejó caer sobre nosotros justo a la hora de la comida, obligándonos a varios a comer de píe mientras el toldo del improvisado comedor instalado en un estacionamiento amenazaba con venirse abajo, y luego, porque en la siguiente locación, un frontón situado a pocos minutos del gimnasio, las condiciones obligaron de nueva cuenta a Julián a modificar los emplazamientos previstos.

Notas para un diario de rodaje (8)

Onceavo día de rodaje en el Distrito Federal.
La producción regresó a la Casa del estudiante, en la Lagunilla, y en esta locación proseguirá el rodaje hoy y los próximos dos días. Se trata, una vez más, de un sitio en el que el acceso para mí, y para muchos en el crew, es complicado debido a que estos tres días (en su integridad) se rodarán escenas de interiores que se desarrollan en el estrecho espacio que es la habitación del personaje de Ryo. Por otro lado, la mayor parte de las escenas a filmarse involucran situaciones de naturaleza sexual, y en muchas de ellas los cuatro actores protagónicos (todos ellos juegan en estos días) están completamente desnudos. De hecho, será durante estos tres días que se concretarán la mayor parte de las escenas de Rabioso sol, Rabioso cielo en las que hay actividad sexual, o por lo menos, encuentros sexuales más gráficos en los que se precisa que los interpretes estén desnudos.
Sin embargo, la crónica detallada de estos días no será mi responsabilidad, sino la de Ulises Pérez, el script, y quien definitivamente fue un testigo mucho más privilegiado que yo en lo que concierne a lo ocurrido en el set durante estos tres días.

No quiero dejar de anotar, de todas formas, que si bien el rodaje ha transcurrido mayoritariamente en el interior de la reducida habitación que representa el cuarto de Ryo, algunas tomas han requerido la construcción de una enorme estructura de madera y metal que invade notoriamente el patio de la Casa del estudiante, y en la que se han montado aproximadamente 10 metros de rieles y la cámara para concretar escenas en las que el espectador saldrá, o se introducirá en la escena, a través de la ventana. Una de estas tomas corresponde justamente a la última escena de la película, un plano secuencia de aproximadamente tres minutos y medio con el que concluye la historia, y que fue modificado por Julián sobre la marcha alterando así el final que está escrito en el guión.

Sin entrar en detalles que pudieran arruinar la experiencia de ver la cinta ya terminada en la pantalla, si vale la pena anotar que lo que era inicialmente un final feliz se convirtió ahora en otro con un sesgo más amargo, o agridulce, digamos, pero el mismo Julián ha señalado que este “nuevo” final está “mas acorde con todo mi trabajo anterior.”

Sobre como Julián se ha enfrentado durante todas estas semanas de trabajo o bien a la opción creativa, o bien a la disyuntiva de modificar cosas debido a factores externos, ya nos extenderemos tanto Ulises como yo en futuros textos, pero ciertamente ha sido un rodaje en el que muchos de los planos previstos han sufrido alteraciones substanciales. El propio Julían me comentó en alguna ocasión que este ha sido un rodaje en donde la constante ha sido el “adaptarse” a espacios o a condiciones de trabajo que han cambiado su visión inicial de muchas escenas, lo cual, sin duda, ha hecho mella en la seguridad con la que en los primeros días acometió esta aventura. Sin embargo, hay que insistir en que este, definitivamente, es un proyecto riesgoso tanto en lo que se refiere a la exploración de un lenguaje no convencional, como el contar una historia en otros términos narrativos (la ausencia de diálogos es uno de ellos), y el alejarse de formulas probadas, incluyendo las propias “formulas”, si es que cabe el termino en este momento, encontradas por Julían en la gestación de su “estilo”, ya que en esta ocasión son muchos los elementos que lo distanciarán de sus trabajos anteriores. En cualquier caso, Julián, como todo creador consciente, duda todo el tiempo, pero aquí hay que resaltar que estas dudas han sido más bien externadas por él verbalmente, ya que su trabajo y desempeño en el set manifiestan todo lo contrario. Todo el tiempo, Julián se conduce frente al crew de manera discreta pero absolutamente segura. Sus indicaciones técnicas, o sus conversaciones con los actores, por ejemplo, dan cuenta de más certezas que dudas, y no es una característica de su labor como director la imprecisión ó la vaguedad. Ciertamente, muchas de las escenas han sido modificadas sobre la marcha, pero la forma en la que Julián explica a Cantú o a Julio Quezada como será el siguiente emplazamiento ó como se moverá la cámara no da cuenta de ello. Tan solo el guión de Julián y las notas en él redactadas (con todo y sus diagramas y dibujos) atestiguan un método y un rigor que impediría hablar de improvisación.
Una última nota referente a estás días de rodaje: ahora más que nunca es evidente que la precisión de Julián al momento de ofrecer indicaciones a los actores antes de cada toma solo se ve mermada por la incomprensión de los propios interpretes, y es que resulta sorprendente como algunos de ellos ignoran el significado de algunas de las palabras que Julián emplea. Así, no saber que quiere decir “turbio” ó “contrito” solo denota una falta de lectura apabullante, y esto, de manera más que evidente, ha predispuesto ya a Julián.
jueves 12 de julio de 2007
Quien es EL CORAZON DEL CIELO


Posada sobre el agua primigenia y en un tiempo estático, hizo emerger la Tierra y creó el mundo por medio de la palabra. Según el mito, fue despedazada por dos poderosos Dioses. Para consolarla y compensar el daño hecho, los otros ordenaron que de los fragmentos de su cuerpo se originaran los diferentes elementos de la naturaleza y todo fruto necesario para la subsistencia del hombre. De sus cabellos surgieron los valles, ríos, pozos y lagunas, del resto de su cuerpo, los árboles, las flores, las yerbas; las montañas, cavernas y cuevas.

En su representación terrena aparece como una mujer joven, Madre Muchacha, una mujer bella como una reina, de ojos muy, muy negros, oblicuos y anchos, tartáricos, llenos de una dulzura cruel. Una dentadura luminosa aunque un poco irregular. Tiene un cuerpo bello y delgado, con la piel admirablemente oscura, dorada. Se desliza grácil como un pequeño venado. El cabello es negro, largo y lacio. La voz brota de su cuerpo como de una caracola, es profunda y cálida, de terciopelo maravilloso.

























































































































